
Son las 4:50 de la mañana y me desperté por que tuve uno de esos momentos de momentum en los que en el estado alfa del sueño las ideas grandiosas surgen… esas que a las 9 de la mañana suenan a puras aberraciones.
Desde hace una semana estoy llevando un régimen almenticio riguroso (excepto los fines de semana) de ensaladas, carnes blancas, baja en grasa y en carbohidratos.
Hoy me desperté por un sueño que no se si fue por hambre o por el estado de mi situación profesional.
Estaba en la línea de un Burger King, esperando a ser atendido, era de noche y venía agotado y con hambre después de jugar tenis de mesa.
Había llegado mi turno y la persona que estaba atendiendo, daba la casualidad de que también estaba lavando platos. Platos con salsa de pasta como de un lugar que no era burger king.
Ahí estaba yo, paciente esperando a que al tipo este se le ocurriera dejar de lavar los platos que le llegaban uno tras otro para tomar mi pedido y cobrarme.
Finalmente me atendió y tomó mi orden: “Un refresco de dieta, una ensalada y una pechuga de pollo a la parrilla extra”.
No supe exactamente cómo pague porque cuando traté de sacar de mi bolsa el dinero traía un monton de papeles doblados, como etiquetas y recibos y no se que más. Finalmente, sin saber cuánto ni en qué momento le di dinero, él me dio mi cambio:
Ya de salida del lugar traía la preocupación de con cuántos billetes o monedas había pagado y de saber si me habían dado mi cambio correctamente, de saber también cuanto dinero traía antes de pagar para saber cuánto debería traer después. Pero el panorama no era nada claro. No recordabae exactamente cuántos billetes y monedas traía antes de llegar ahí, no tenía claro cuánto había costado mi comida ni cuánto dinero debía quedarme.
Al tiempo en que revisaba mi cambio y trataba de reconstruir mis cuentas, abría la bolsa para revisar que me hubieran dado lo que pedí. Desafortunadamente habían cambiado mi pollo por una porción de carne de hamburguesa (nada grave supuse) y mi ensalada por un par de panes, con lechuga eso si. Me habían dado una hamburguesa grasosa y con un pan gigante, nada bueno para mantener mi régimen. Y lo peor de todo es que estaba fría.
Después de unos momentos de desconcierto total, regresé al cajero a aclarar la terrible, incómoda e inaceptable situación; ¡¿con cuánto dinero pagué y cuánto debía ser mi cambio?!.
Tengo dos lecturas de mi sueño.
La primera es cómo estoy ahí, parado, esperando “paciente” a que me tome la orden un tipo al que se le ocurre hacer cualquier cosa antes de atenderme.
Finalmente me atiende y saco una bola de papeles inutiles de mis bolsas. ¿Billetes? si, también, uno o dos por ahi doblados y escondidos, no se ni cuántos, hechos bolas, confundidos.
Y al final, me doy cuenta de que no tenía lo que había pedido. Había llegado con un objetivo claro, y al momento de hacer lo requerido para obtenerlo (sólo había que pedirlo) había acabado justo con lo que menos quería.
Lo más crítico es la resolución. Mi preocupación no es no tener lo que quiero en la vida, es lidiar con los mini desajustes de cuentas que me tienen agarrado del cuello y me han tenido así por años.
Qué mas hubiera dado el dinero. Si tan sólo me hubiera podido preocupar por no tener lo que buscaba con tanta claridad y pelear por obtenerlo. Nótese que no dije “si tan sólo hubiera tenido lo que quería”, no, dije: “si tan sólo me hubiera podido preocupar por no tener lo que quería”. ¡Ni siquiera puedo preocuparme por no tener lo que quiero! No, mis preocupaciones no llegan tan lejos. Se quedan en el camino.
Hoy me doy cuenta de que no me preocupa no tener lo que quiero, y no porque no me preocupe, sino porque ni siquiera me doy la oportunidad de reclamármelo, de restregarme en la cara “tu no querías esto!!! regresate y ve por lo que venías!!!”. No, hoy me preocupa “aaahmmm… traía 20 o 30 pesos? cuánto traigo en la bolsa?? cuánto debió ser de cambio??”.
No se como decírmelo más claro. “Deja tú el dinero… pediste ensalada y te vas a atascar una hamburguesa!”.
Mi segunda lectura
Al final del sueño yo soy yo. El que se preocupa por no saber cuántos pesos no tiene más que por no estar logrando lo que quiere. Pero al principio yo soy el que atiende. con la fila de clientes enfrente de él. Y ¿Qué hace él? lavar los platos que le van llevando… trabajar! anda ocupadisimo! no puede parar! le llega uno y otro y tres más y la pila de platos sucios es enorme!… no se pueden juntar! va a ser un caos! no puede con todos, no puede ni con dos, no le da tiempo, no lo alcanzan las manos para acabar de lavar la pila que ya se le juntó de platos sucios y no hace ni una ni otra ni mucho menos las dos.
Mientras, los clientes esperan. Algunos pacientes.